El auto de Erick se detuvo frente al edificio de Damián. Luisa bajó con el corazón latiéndole con fuerza, las piernas aún temblorosas por lo que había pasado la noche anterior. No había dormido bien. No había dejado de pensar en él. En sus manos. En sus labios. En la forma en que le había dicho "te quiero" con esa voz que parecía romperse.
Dos meses habían pasado desde aquella noche en que ella lo cuidó entre fiebres y escalofríos. Dos meses desde que Erick comenzó a cambiar, lentamente, torpem