La noche anterior, Luisa no había dormido bien. No porque estuviera preocupada, no porque la tristeza la acompañara. Simplemente, su mente no dejaba de dar vueltas alrededor de una misma idea: ella ya no era la misma. Y aunque Erick quisiera amenazarla con destruir la empresa de su mamá, aunque quisiera recordarle el contrato cada vez que ella se salía de lo que él consideraba "correcto", había algo que él no podía controlar.
Su forma de pensar.
Su forma de sentir.
Su forma de decidir.
Así que