—¿Te encuentras bien, Liz? —preguntó Skaí con una voz cargada de auténtica preocupación mientras revisa minuciosamente mi brazo lastimado—. Ay, no puede ser, te quedó completamente marcado el golpe.
La expresión sombría, gélida y despiadada de Damián daba tanto miedo en ese preciso momento que ni siquiera su supuesta novia podía encontrar alguna excusa creíble o lógica para calmar su evidente furia. Skaí continúa hablándome con suavidad para intentar reconfortarme, pero yo sigo completamente est