—¿Qué haces aquí? —el no responde y solo observa a mi sirviente —Allen. Vete. Después hablamos sobre esta situación.
—Mi señora…
—Ni me hagas repetir mi orden.
Se inclina en respeto y al pasar cerca de Damián este lo detiene, pero lo llamo para que lo suelte, como un perro rabioso me mira haciendo que saque a Allen con mi magia y cierre la puerta.
—Tan solo unas horas y ya buscas un reemplazo.
—Ay por favor, no vengas aquí martirizandote porque no va contigo
—Elizabeth, enseio me vas a