CAPITULO 44

Enpuño mis manos, me contengo de no golpear al padre de Elizabeth porque si no ella jamas me lo perdonaría, ignoro a todos los que estaban a mi alrededor y mis ojos se posan sobre la causante de mis problemas

La jalo del brazo y la arrastro hasta otra habitación, se queja de dolor y me exige que la suelte pero la rabia que siento ahora solo nubla mi juicio de razonar

—¿Qué demonios haces aquí? Y espero que tu respuesta sea la adecuada para mi porque si no, te voh a matar ahora mismo.

—Yo… es
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