Enpuño mis manos, me contengo de no golpear al padre de Elizabeth porque si no ella jamas me lo perdonaría, ignoro a todos los que estaban a mi alrededor y mis ojos se posan sobre la causante de mis problemas
La jalo del brazo y la arrastro hasta otra habitación, se queja de dolor y me exige que la suelte pero la rabia que siento ahora solo nubla mi juicio de razonar
—¿Qué demonios haces aquí? Y espero que tu respuesta sea la adecuada para mi porque si no, te voh a matar ahora mismo.
—Yo… es