Dos meses después.
La sala del tribunal se llenaba lentamente. Todos aguardaban expectantes la llegada del acusado, Raid Ghazaleh, un hombre que pasó de ser catalogado como influyente y poderoso, ahora enfrentaba cargos por asesinato, fraude y maltrato doméstico.
Cuando las puertas se abrieron, Raid entró escoltado por guardias, sus muñecas esposadas. A pesar de verse disminuido, su postura arrogante y la mirada desafiante en su rostro delataban que aún no había perdido por completo su superio