Dos meses después.
Juliette se acurrucó en la esquina de su cama, abrazando sus rodillas contra su pecho. Una sensación de malestar se había apoderado de ella desde que se había despertado esa mañana, y un miedo incontrolable se agitaba en el fondo de su mente. Aspiró profundamente, intentando calmar los latidos acelerados de su corazón.
Durante semanas, había estado eludiendo la posibilidad, negándose a admitir lo que parecía tan evidente. Pero ahora, con cada síntoma que aparecía, la verdad