89.
Cuando recordé aquella noche, la noche del incendio, el incendio que había cambiado mi vida, la rabia y la energía que sentía en esos momentos se esparció un poco. Pero, extrañamente, me sentía liberada. Ya le había dicho la verdad a Nicolás. Estaba ahí, frente a Evangelina. Ya no tenía que fingir ser Elisa. Ya no tenía que fingir nada. Ahora podía ser yo misma, podía ser yo misma como nunca lo había sido. Y me permití sentirme vulnerable. Así que me abracé a mí misma.
—Tu madre fue a visitarme