7.
La siguiente vez que desperté fue diferente.
Esta vez, alrededor no había basura ni olores fuertes.
Me rodeaba una tibia sábana y estaba acostada sobre un colchón mullido.
Me sentí extrañamente en paz y, aunque había despertado, no quise abrir los ojos siquiera.
Quería quedarme ahí, en medio de esa paz que me brindaba la oscuridad y la inconsciencia.
Tal vez haber muerto en realidad era lo mejor que pudo haberme pasado, porque en el momento en el que abriera los ojos sabía que tendría que