138.
Llegamos a casa prácticamente devastados. Al menos yo me sentía tan cansada que lo único que quería en ese momento era dormir un año entero. Pero ahora, más que nunca, tenía que estar consciente y despierta. Ahora, sin mis hijos, podíamos enfrentar aquella realidad con más entereza. Pero antes de resolver cualquier inconveniente, de planear algo, yo sabía que Nicolás tenía que hacer aquello. Lo vi dudar en si yo debía acompañarlo o no, y al final, cuando dio un paso al lado, él negó:
— Quiero