Capítulo 35. El desayuno amargo: Valentina.
El timbre de la puerta de mi apartamento sonó puntualmente a las ocho de la mañana. Mi corazón dio un vuelco. Era Alejandro. Tomé una respiración profunda, intentando calmar los nervios que me carcomían. Abrí la puerta y lo vi allí, de pie, impecable como siempre, pero con una sombra de preocupación en sus ojos grises. Apenas nos saludamos con un asentimiento, el peso de la conversación que se avecinaba era palpable.
Fuimos a una pequeña cafetería cerca de mi apartamento, un lugar tranquilo con