Capítulo 34. Adentrándrome en el laberinto: Valentina
La puerta se cerró tras Alejandro, y el sonido de sus pasos apresurados se perdió en el silencio de mi apartamento. Me quedé allí, en medio de la sala, con el pulso martillando en mis sienes, el sabor de su beso aún en mis labios y la imagen de su rostro palideciendo antes de irse. La tarde que habíamos compartido había sido un refugio inesperado en medio del caos de mi vida. Con él, me sentía en casa, mi propio ser, sin pretensiones ni miedos. La pasión que habíamos compartido era innegable, u