Capítulo 12. El Tormento de Alejandro: Una Realidad Ajenísima.
Dejé a Valentina en la puerta de su apartamento en Laureles. La vi desaparecer detrás de la puerta, la imagen de su espalda encorvada por el dolor grabada a fuego en mi mente. No me demoré en su despedida. Sabía que necesitaba su espacio, su intimidad para llorar la noticia de su madre. Me subí al auto y conduje de vuelta a mi penthouse en El Poblado, el silencio del Mercedes, que antes me resultaba placentero, ahora era un eco ensordecedor de su sufrimiento.
El trayecto fue una tortura silenci