Los meses pasaron lentos, pesados, implacables.
Muchos días desde aquella noche en las cabañas, desde que Cristóbal la había visto por última vez, desde que la había tenido entre sus brazos, desde que la había vuelto a perder.
El vientre de Ana había crecido hasta convertirse en una curva enorme y orgullosa. Ocho meses de embarazo. El bebé se movía constantemente, como si también estuviera ansioso por conocer el mundo. Los médicos decían que todo iba bien, que era un niño fuerte y sano, que en