MARTINA
No sabía que era lo que había dicho para que de repente se volviera frío conmigo. Él me atraía en todos los sentidos. Su forma de tratarme me dejaba sin razón, y ahora estaba sola, en su cama, mientras la noche pasaba y él no aparecía.
Me puse una hermosa bata a juego con el camisón blanco que usaba y que él vio en aquel estúpido desfile, y salí en su busca. Estaba en su despacho, mirando a un punto imaginario.
—Lars.
—Pensé que estabas dormida.
—No pude cerrar los ojos sabiendo que te