MARTINA
Muy a mi pesar me quedé sin aliento tras colgar la llamada, estaba aterrada. Y el esfuerzo que hacía para ablandar su corazón era frustrante. Solo quería ver lo que era mío. Mi hijo.
Estaba absorta en mis pensamientos cuando él apareció por la puerta de la cocina.
—¿Me das un minuto para hablar? —Lars preguntó sin dejar de mirarme.
Me notaba pálida, con susto en el cuerpo. Y no sabía si tenía que decírselo o guardar silencio para no darle más problemas.
—Lars, siento lo de anoche. C