Jolie no podía estar más ansiosa y nerviosa, y no era para menos, si luego de una acalorada discusión con Darius en el momento que llegaron a Londres, no tuvo más opción que dejarlo quedar en su casa, en aquel sagrado lugar en el que ningún hombre entraba. Pero él no era cualquiera. Era el padre de su hija y el único capaz de robarle la tranquilidad.
Su cabeza era un caos completo al igual que su corazón. Las emociones y las culpas se mezclaban y estaba el hecho de que no podía omitir todo lo q