—Lo sabías, ¿no es así? —inquirió Darius con una calma que alertaba a sus amigos que nada bueno vendría.
—Lo supe cuando regresó, Jolie me lo confesó.
—No me sorprende que la sigas encubriendo.
—No lo hago, Darius —suspiró Jeray—. Aunque ella me contara de lo que había sido de su vida, era su deber decirte. Claro está que, que si no te decía nada antes de que se marchara, estaba muy dispuesto a contarte por mi cuenta.
—¿Debo agradecerte entonces que lo dijera antes de huir como la cobarde que e