Un mes.
El reino vampírico no medía el tiempo como lo hacían los hombres lobo. Solo celebraban un banquete ceremonial cada 30 años. Solo vivían a través del pulso lento del reino, a través de salones de mármol y el eterno resplandor tenue de un cielo que nunca llegaba del todo al amanecer.
Aun así, Seraphiel contaba.
Treinta y una noches desde que el cuerpo de Zero se había quedado quieto entre sus brazos.
Treinta y una noches desde que su pulso se había desvanecido hasta volverse algo frágil y