—Quién podría decirte que no mi dulce flor. Karen observa como saca su teléfono de su chaqueta—la besa con ternura—guarda esto por mí quieres, no tardo.
—Sí.
Al entrar al vestidor Mikael, hoy la sonrisa de Karen se desvanece, frunciendo el ceño con gesto de asco comienza a limpiar sus labios. “Lo que tengo que soportar”.
Al encender la pantalla de su teléfono se da cuenta que tiene bloqueo, piensa en muchas formas de desbloquear su teléfono y se le corrió una posible, recuerda que le mencionó l