Con el pasar de los días, Karen aceptó su destino y regresó con su esposo haciendo que todos supieran que estaban bien y que habían superado la tormenta, aunque pudiera sonreír, al estar a solas su verdadero rostro se mostraba, un rostro donde no había ni una sonrisa, no había felicidad transmitiendo hacia nadie, su corazón destruido no latía como antes, lleno de vida con ganas de despertar nuevamente, “Solo deseo que mi vida se acabe para acabar con esta farsa”
—¡¡Nuera!!
Su rostro no radiaba