Cada vez que salía del piso para entrenar encontraba un ramo de flores nuevo; estaba sin duda perturbada por la insistencia de Aldrich y Nazir en ganarse mi perdón.
Llegaban en ocasiones tonterías como dulces o muñecos de felpa, la semana pasada enviaron un collar con una abejita y unos aretes de perla. Ya había rumores bastante locos sobre tener a mis pies a varios de los príncipes vampires.
“¡Qué estupidez!, solo nos interesa nuestro compañero”
“No es nuestro compañero y no nos interesa”, le