Ivy
Camino lentamente por este pasillo demasiado amplio, demasiado lujoso para mí. El terciopelo de las cortinas ahoga mis pasos, pero no el ruido de sus voces. Me detengo frente a la puerta entreabierta de la oficina.
Su olor está por todas partes. Salvaje. Poseído. Mi vientre se revuelve mientras me pego a la pared, prestando atención.
— Ella es nuestra ahora, susurra Lyam, en un tono grave. Y nada ni nadie la volverá a quitar.
— La manada la espera esta noche. Quieren ver a la hembra de los