—Jódeme, por favor —susurré—. Hazme tuya.
—Oh, lo haré —respiró contra mis labios—. Ya eres mía, Robin, desde el momento en que te vi.
Asentí, introduciendo mi lengua en su boca y aceptándolo. Nome quedaba energía para discutir con él sobre su comentario tan seguro de sí mismo.
Me incliné hacia adelante con un rápido impulso, apoyándomeen los codos y levantándome sobre las rodillas, arrastrando a Jack conmigo. Él tomó mi mejilla y rozó sus labios suavementecontra los míos, respirando nuestro ai