Lana abrió la puerta de par en par, revelando a Jack en todo suesplendor, pero su expresión abatida era evidente. Sus ojosestaban vidriosos y concentrados, clavados en mí como si me viera por primera vez. Tenía la mandíbula apretada, las cejasfruncidas en una suave línea de dolor. Permanecimos inmóviles, en silencio, los dos mirándonos fijamente.
—Robin—
—¿Qué haces aquí, Jack? —dije, con voz plana y serena.
—Los dejaré a los dos a solas para que hablen —dijo Lana, retirándose hacia su habitaci