Adrián miró a León con incredulidad. —¿Qué quieres decir con que no podemos tocar a Ana?
—Han oído al médico. Ana necesita descansar. No la molesten.
—No la molestaremos, solo queremos asegurarnos de que esté bien —dijo Sebastián.
—Pueden asegurarse desde lejos —respondió León.
—¿Nos estás prohibiendo acercarnos?
León no respondió. Solo miró a Ana, que seguía tendida, débil, en su regazo.
Sebastián dio un paso adelante.
—No sé qué tienes en la cabeza. Pero recuerda que Ana no es solo tuya. Tamb