El taxi se detuvo frente a la entrada de la mansión. Pagué con el dinero que me había transferido Adrián, porque León nunca me daba dinero. Bajé con paso pesado. La cabeza aún me daba vueltas. La mejilla aún me ardía por la bofetada de Irene. El brazo aún me dolía por los arañazos de sus uñas.
Entré por la puerta principal. Normalmente elegía la trasera, pero hoy estaba demasiado cansada para rodear. Solo quería tirarme en mi cuarto pequeño y llorar.
Pero Clara ya estaba esperando en la sala.
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