Capítulo 39

Sebastian sonrió en cuanto sus ojos se posaron en mí.

Esa sonrisa transformó por completo su rostro severo en algo cálido. Sus ojos de un avellana oscuro se entrecerraron de manera amable. Las arrugas de su frente que lo hacían parecer siempre enfadado desaparecieron.

—Buenos días, Ana. ¿Ya estás lista? Vine para llevarte a hacer ejercicio.

Lo había olvidado por completo.

—Sebastian, lo siento. Hoy no puedo.

La sonrisa de Sebastian se desvaneció un poco. —¿Por qué? ¿Qué pasa?

—Tengo que ir con
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP