Al día siguiente. Hoy iría al campo de golf con Leon. Volvería a ver a Adrian y Sebastian.
Leon ya estaba de pie frente al espejo, vistiendo ropa de golf blanca impecable. Pantalones largos de tela, polo de manga corta, zapatos de golf negros y caros. Se veía apuesto, tan apuesto como siempre, pero con un aire un poco más relajado.
—¿Vas a ponerte eso? —preguntó, mirándome de pies a cabeza.
—¿Algo mal? —pregunté.
—Vas a pasar frío.
—No tengo frío.
Leon suspiró. Se quitó su chaqueta de golf, una