Por la noche.
Acababa de bañarme y cambiarme de ropa. Mis puntos de sutura ya empezaban a sanar, pero aún dolían si me movía demasiado rápido.
Estaba sentada en la sala, leyendo una novela vieja que ya había leído muchas veces, cuando dos coches entraron por el portón de la mansión.
Adrián y Sebastian.
Llegaron juntos, como siempre. Adrián con su camisa blanca de manga larga arremangada hasta los codos, pantalón de tela negro, su cabello un poco largo peinado hacia atrás. Sebastian a su lado co