Capítulo 48

Todavía estábamos abrazados cuando el sonido de pasos resonó al final del pasillo.

No necesité volverme para saber quién era. Conocía ese paso desde hacía dos años: firme, medido, pesado. El paso que siempre hacía que los demás empleados se escondieran detrás de las puertas.

Leon.

Me solté del abrazo de Adrian y Sebastian con un movimiento rápido.

Leon estaba de pie al final del pasillo, justo debajo de la luz de emergencia que brillaba tenuemente.

—Ana, a casa —dijo.

No me moví. Mis piernas es
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