No sé cuánto tiempo llevábamos en ese complicado abrazo. El tiempo parecía haberse detenido. Solo existían los movimientos, los suspiros y el calor que envolvía todo mi cuerpo.
Adrián seguía frente a mí, hundido por completo dentro de mí. Sebastián estaba detrás, también hundido en otro lugar. Yo estaba atrapada entre dos cuerpos fornidos que se movían al compás de un ritmo que empezaba a sincronizarse lentamente.
—Aaaah… aaah… uuugh…
Mis jadeos salían sin control. A veces largos como un lament