El coche de Leon avanzó lentamente al entrar por la verja de la mansión. Las luces del jardín seguían encendidas como siempre, la fuente del patio delantero seguía fluyendo, todo parecía igual. Pero faltaba algo. Algo que no podía ver, pero que podía sentir. Calor. Risas. El aroma del café recién hecho por las mañanas.
Silencio.
Esta mansión se sentía tan vacía sin Ana.
Leon bajó del coche. Su traje negro seguía impecable, su corbata seguía perfecta, pero su rostro estaba desencajado. No por el