Juliana miró a Stefan, confundida. No entendía por qué él le estaba diciendo aquello.
Stefan estaba sentado con la frente apoyada en una mano, en una postura relajada. Habló con sarcasmo y sin rodeos:
—Creo que el Grupo Novak no es un lugar en el que debas perder tu tiempo. No necesitas rebajarte a trabajar aquí como mi secretaria.
—Estoy feliz de trabajar aquí, presidente Novak. Puedo aprender muchas cosas.
—¿Ah, sí? —Stefan arqueó una ceja—. Copiar documentos, entregar mensajes y gestionar ta