La respiración de Stefan la envolvía por completo. Profundizó el beso y la empujó suavemente contra la encimera de la cocina.
Susan le dio un golpe en el pecho, intentando protestar, pero él le sujetó las muñecas y las llevó a su espalda, inmovilizándola.
Ella sollozó. Stefan era como un lobo que la devoraba lentamente, como si disfrutara de su presa.
Finalmente, el beso terminó. Stefan sostuvo su cintura para evitar que cayera.
Las lágrimas llenaron los ojos de Susan. Él besó con suavidad sus