Dentro del ascensor, la tensión era aún mayor.
Cuando el ascensor subió un par de pisos, Stefan se giró de repente y acorraló a Susan contra la pared. Los documentos que ella sostenía cayeron al suelo.
Susan intentó recogerlos, pero Stefan no se lo permitió.
La besó.
Fue un beso intenso, casi como un castigo.
En voz baja, murmuró junto a sus labios:
—Parece que ni siquiera aquí estás a salvo… Tal vez debería tenerte en casa, solo para mí.
Los ojos de Susan se llenaron de lágrimas.
—¡Voy a renun