Lo decidí a las seis de la mañana.
Antes de que los gemelos se despertaran. Antes de que la mansión cobrara vida con el sonido de pasos y voces y el olor a café que alguien preparaba en la cocina.
Antes de que Valentino apareciera con esa mirada nueva que yo aún no sabía cómo descifrar sin que me temblaran las manos.
Me senté frente al ordenador con el dossier abierto.
Cinco años de trabajo.
Contratos falsificados. Desviaciones de fondos. Sobornos a inspectores. Declaraciones de quiebra técnica