La reunión de las tres terminó a las cuatro y cuarto.
Hablamos de números. De estrategia. De los siguientes movimientos contra McKenzie.
Valentino habló con precisión. Con eficiencia. Con toda la frialdad calculadora que lo había hecho famoso en cada sala de juntas de Europa.
Pero me miraba diferente.
No podría explicarle a nadie qué había cambiado exactamente. No era el tono. No era la distancia física. No era ninguna cosa concreta que pudiera señalar con el dedo.
Era la intensidad.
Como si su