La llamada llegó a las once de la noche.
Número desconocido. País: Italia.
Dejé que sonara dos veces antes de contestar. Valentino dormía. Los gemelos dormían. La villa entera respiraba en paz.
No debería haber contestado.
—Hola, hermanita.
La voz me heló.
—Diana.
—Estoy en el pueblo. Al pie de la colina. Necesito que vengas sola.
Colgué.
Me quedé con el teléfono en la mano durante diez segundos. Mirando el anillo en mi dedo. La nueva vida que acababa de prometerse bajo las estrellas.
Luego me