Con el amuleto en sus manos y la promesa de sus amigos, Althea se sintió más segura. Sabía que el viaje sería difícil, pero estaba decidida a enfrentarlo. Los días siguientes fueron una mezcla de entrenamiento intensivo, investigación y preparación para la batalla que se avecinaba.
Una mañana, mientras entrenaban en un claro alejado de la ciudad, Gabriel se acercó a Althea con una expresión de preocupación. "Tenemos que hablar," dijo, guiándola a un lugar apartado.
"¿Qué sucede?" preguntó Althe