Pero Nicolás no pensaba darle esa oportunidad. Ya había traicionado demasiado a Diana. Si quería recuperarla, ese bebé no podía nacer. Una vez que naciera, cualquier posibilidad con Diana desapareciera para siempre.
Con esta determinación, ordenó a sus guardaespaldas que llevaran a Mariana al hospital. A pesar de su resistencia desesperada, no pudo contra la fuerza de los guardias y terminó en la fría mesa de operaciones.
El anestésico se deslizó por sus venas, privándola de forma gradual del co