—¡Cállate! Mariana, recuérdalo muy bien: no eres más que un simple juguete para mi entretenimiento. ¿Cómo te atreves a compararte con Diana?
Los ojos de Nicolás eran aterradoramente distantes, con un fuerte destello de maldad.
—Un hijo no es nada, puedo tener tantos como quiera. ¡Llévensela al hospital y que le saquen de inmediato ese bebé!
Ante estas palabras, Mariana entró en pánico. Se abrazó el vientre de manera desesperada.
Era su única esperanza de mantener su vida y su posición, ¡no podía