Capítulo 12
Deseperado quiso hacer pedazos los papeles del divorcio, pero entonces se dio cuenta: quizás era lo último que quedaba de ella. Si los destruía, perdería incluso esta última señal.

Una y otra vez, sus dedos dibujaron el nombre de Diana, sus ojos llenos de melancolía.

—Diana, fue mi error, no debí tener otra mujer. ¡Solo te amo a ti!

—Puedes golpearme, insultarme, lo que sea, pero por favor no te alejes de mí.

—No puedo vivir sin ti, Diana...

Repitió sus disculpas innumerables veces hasta quedar
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