–¡No voy a ir! –reí.
–Si lo harás.
–¡Aleks! No puedes hacer eso.
–Deja de quejarte y ven conmigo.
Intento abrazarme, pero retrocedí corriendo hasta la habitación de su departamento, fue más rápido y me tomó por la cintura.
–¡No! ¡Aleks! ¡Hace frío!
Me arrastró hacía la cama mientras reímos.
–Afuera hace frío, aquí dentro no.
Llegamos a la cama y me recostó sobre ella, intenté controlar mi risa, pero era demasiado.
–¡Báñate tú!
–No lo haré solo y quiero usar la bañera… Contigo.
Después