MILA POV
El eco de mis tacones contra el pasillo del edificio de Valentina sonaba como ráfagas de ametralladora. Estaba furiosa. No, furiosa era poco; estaba en ese estado de ebullición donde podrías encender un cigarrillo solo con rozar mi piel. Tenía el vestido de la despedida hecho un desastre bajo la gabardina, el maquillaje de "gata peligrosa" corrido por el sudor del baile y una sed de justicia que solo se calmaría viendo a Braulio Villamizar suplicar de rodillas.
— Diez años, Valentina.