LA REINA DEL MAFIOSO. Capítulo 33.
La catarata se escuchó más cerca, más fuerte y hasta el agua se pudo sentir salpicando las piedras que estaban en la orilla. Pues aun con la distancia, esta era lo suficientemente grande como para que causara ese efecto.
Cuando la lata comenzó a crujir de nuevo, Adelina tenía su rostro pegado al corazón descontrolado de su hijo.
__ ¿Estás bien? - le preguntó Marcelo, la herida en su cabeza del otro los dejó fríos a los dos.
__ Lo estoy. Hay que salir. - sacó la navaja de su tobillo para comenz