—Ni siquiera lo sé. Después de la cena, bañé a Yago y lo abracé para dormir. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba muy caliente. Acabo de medirle la temperatura y ya casi llega a los cuarenta grados. Ezequiel, ¿qué debo hacer?
Jazmín estaba cada vez más ansiosa, su voz temblaba. Ezequiel se levantó rápidamente del sofá, se puso el abrigo con expresión seria.
—No te preocupes. Viste a Yago con ropa adecuada. Voy de regreso ahora mismo.
Al ver que él colgaba apresuradamente el teléfono,