—Alguien hizo una denuncia, aquí hay personas involucradas en actividades sexuales ilegales.
—¡Oye, tú! ¿Les dijiste que anoche fui yo quien te pagó?
Camila se ruborizó ligeramente, pero no cedió en su tono. En estos tiempos, prefería ser considerada como cliente que como prostituta.
—¿Que me pagaste? ¡Ja! Hermanos policías, soy el segundo hijo de los Soto, dueño de este club. ¿Creen que yo necesitaría pagarle a una mujer?
—¿Y qué tiene eso que ver?
Los policías se miraron entre sí, sin esperar