El siguiente día amaneció con la cálida luz del sol filtrándose a través de las rendijas de las cortinas en la lujosa suite. La sábana de seda se deslizaba por la mitad hacia el suelo, creando halos de luz.
Sin embargo, la hermosa atmósfera se vio interrumpida por el sonido de golpes en la puerta desde afuera. La mujer, que dormía plácidamente en la cama, se volteó con impaciencia. Con su bata de baño puesta, sus largas piernas descansaban sobre el vigoroso cuerpo a su lado.
Los golpes continuab