Mundo ficciónIniciar sesiónLas puertas de metal de la celda de detención del tribunal se cerraron con un estruendo que pareció retumbar en el alma de Marcos Castelli. El sonido era seco, definitivo. Hace apenas una hora, él se sentía el dueño del mundo, el hombre que iba a humillar a Elena y recuperar su fortuna. Ahora, el olor a desinfectante barato y cemento frío era su &uac







